Fumma Gumma: La Plaza
Ganar dinero en internet

20060509

La Plaza

Mónica desde sus siete años de edad pasaba los siete días de la semana en su pieza, sola y con la tele siempre encendida en el canal de la lluvia. Además de la tele en su pieza ella tenía su cama, una silla mecedora y en lo alto de la pared una ventana por la cual nadie podía mirar debido a su altura. Todas las mañanas la madre de Mónica dejaba una bandeja de comida en la entrada de la pieza. Justo al frente de la entrada de esa pieza estaba el baño en donde la madre dejaba ropa y toallas para el aseo de su hija.
Aparte del recorrido pieza-baño, Mónica salía todos los jueves un par de horas con su madre a una placita que quedaba cerca de la casa donde vivían y en ese paseo nadie hablaba. Tanto la hija como la madre permanecían en silencio el par de horas que caminaban alrededor de la placita mirando como la gente salía, iba o descansaba un momento de su trabajo. La gente al pasar por al lado de Mónica sonreía amistosamente a la niña y mientras más sonrisas recibía, más contenta caminaba ella junto a su madre quien a veces se quedaba conversando con algún vecino o conocido.
Este jueves 24 de marzo ocurrió algo que no pasaba hace muchos jueves: fue feriado. La madre, como cada jueves, golpeó la puerta de la pieza de la niña de esa forma especial que significaba que en cinco minutos Mónica debía bajar para salir a pasear con ella. Contenta, Mónica bajó en cinco minutos calculados por ella y salió con su madre. Era un día precioso, lleno de sol, había un viento suave y no helado. Mónica estaba bien hasta que llegó a la plaza y no encontró a la gente a quien ella solía mirarle las sonrisas. Había nadie en la plaza, toda la gente había viajado aprovechando el fin de semana largo, pero el paseo duró las mismas 2 horas y algo. Mónica no quería estar ahí. Sentía que toda la gente se había olvidado de ella. Sin cruzar nunca una palabra con su madre, después de las 2 horas y algo se retiraron camino a su hogar.
Mónica entró a su pieza, se sentó en su silla mecedora y comenzó a mirar el canal de la lluvia mientras silenciosas lágrimas caían por su cara. Después de 2 horas de no poder asimilar lo que le había sucedido en la tarde y de no saber que hacer, recordó que su madre le había dejado unos panes y un frasco de mermelada en la bandeja de la comida y junto a esto dejó también un cuchillo de mesa. Mónica entre lágrimas tomó el cuchillo y se dirigió hasta el enchufe de la tele. Rápidamente comenzó a pelar el cable hasta que el cuchillo tocó el cobre. La madre, al escuchar un gran grito, se dirigió a la pieza y abrió la puerta.
Una semana después la gente de la placita sentía que algo faltaba en ellos.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home